Detrás de los otros (Caos)
Detrás de las llagas de los otros
está
nuestra multitud singularizada
y ese tamiz que no nos deja
soñar
cosas de espalda.
Un acorde estelar que no ha llegado
empalmará
tus músculos menores
simulando pinos polvorientos,
aprendices
de girasoles confundidos:
confundidos por más
de
un astro rey,
por locas emanaciones de los bordes
simultáneos de todos los planetas
que nos habitan
desde los omóplatos
lanzados, depositados como Nasca,
para
sernos observados,
desde mí, con la memoria que tengo
de
mi afuera.
Y al cabo triunfa un sordo aullido,
un tañer desdentado
de colas
de escorpiones estiradas,
un arpegio de moléculas gaseosas
que
se apaga…
para reburbujear de nuevo
sin
haber aparecido.
Dios entró a la fiesta de disfraces.
Las
lengüetas del sol
proponen una lamida colosal
y
ante tanta realidad placebo
del vir de los griegos, cejijuntos,
casi
puedo verme desde atrás,
casi sitúo mi nuca al frente de mis ojos:
casi…ver
la maya …el crucigrama…el brillo de mi cuello.
Pero se voltea a la patilla
y
llegan todos:
llagas primero,
luego ñomas, menoscabos, cantazos,
tejidos
deslizados
y todos los recuerdos del big bang,
de aquella cachetada
inmensa
en que toqué las redondas nebulosas
y me lanzó
a este sueño,
detrás de las proximidades del segundo.
Detrás
de las llagas de los otros
está nuestra célula creciendo
y
esa imposibilidad de desdoblarnos
desde el soque de los ojos
al
fondo del recuerdo.
Estoy acá en el campo, ya llegué.
Miro
el árbol fractal sobre la línea,
el día claro, el sol sobre
la vida
en medio de este globo.